Los niños encantados, corrieron, cosecharon, jugaron al espía del bosque, con la pelota, respiraron aire puro y fresco en este maravilloso lugar. Las mujeres, cocinaron como lo hacían las mujeres de antes, haciendo toto un largo ritual que empezó a las diez de la mañana y termino a las dos de la tarde cuando se sentaron a disfrutar de la comida.
Por si no fuera poco, al terminar de comer nos fuimos de paseo por el pueblo, éramos treinta y tres personas entre mujeres y niños. La mayoría de los niños se subieron a la caja de una pick up y me hizo recordar cuando eso era posible hacerlo en la ciudad y no teníamos miedo a que algún accidente nos pasara. Los que no cupimos en la pick up nos amontonamos en la camioneta de Vanni. No se como pero todos los treinta y tres cupimos en dos camionetas. Fuimos a la nevería y cuando el señor que atendía vio al montón de gente se quería volver loco! Después llegamos a la panadería por unas empanadas de cajeta y piña, para luego regresar al rancho a disfrutar de un ratito mas de plática y juegos.Los anfitriones se llevaron la tarde, nos recibieron con una calidez impresionante, compartieron su huerta, su cocina, su comida, su tiempo, su casa. De verdad que gran ejemplo de generosidad y hospitalidad. ¡Muchísimas gracias!
Yo la verdad, no pele fruta, ni piqué nada, eso a mi no se me da jajaja pero con todo mi emoción les comparto las fotos que tomé y la reseña de este día se resume en lo que dijo Jevs cuando llegó su papá a la casa: "¡Papá, Arteaga esta fregón!"



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